Relatos Eróticos - El deseo




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... La escalera crujía con cada paso. Lo hacía con más fuerza con los pasos del hombre que los de Madeleine. Entraron en una habitación diminuta en que todas las cosas se molestaban entre sí por la falta de espacio. El espejo, la mesa, la cama y una silla se podían ver de una sola mirada.

Él rompió el silencio

— ¿Como te llamas? —preguntó
— Puede llamarme Madeleine o Elisa si lo prefiere respondió
— Échate en la cama —ordenó el desconocido— mientras dejaba el sombrero sobre la silla.

La chica se levantó la falda como si fuera a quitársela. Pero él la detuvo con una exclamación muy sonora 

— ¡No te quites nada! —sólo échate en la cama boca arriba— ella obedeció y se echó mirando al techo.

Él no se desprendió de nada más que del sombrero. Sin siquiera quitarse los zapatos la monto a horcajadas. Muy lentamente —como si este acto le excitara...