sábado, 26 de noviembre de 2016

Asfixia

La peluca asfixia las ganas


Estaba ansiosa, la almohada amenazaba con ahogarme. Curiosamente la posibilidad de casi sin respiración me atraía. Él estaba aún ahí. Esperándome. Acababa de entrar por la puerta, silencioso, pensando en que dormía. Yo sabía que en el fondo conocía mi estado, mi principio de asfixia mis ganas.
A causa de un leve suspiro dos hilos de plástico negro me rozaron la mejilla, la única parte de la cara que no estaba cubierta por la almohada. Era la peluca que solía ponerme. Fue un segundo, los pelos rascaron la mejilla y yo perdí la imagen del hombre que acababa de entrar. A partir de ese instante no fui capaz de traer a otros visitantes imaginarios. Recurrí a recuerdos, miradas robadas de hombres del metro, pero fue imposible.

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